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Diario Elffuss · 23 de septiembre de 2026

Fina pidió que lo borraran todo y recibió un número de expediente

Cambiaron las condiciones, ella desactivó la casilla y luego hizo la pregunta incómoda: ¿y todo lo del año pasado? La respuesta fue rápida, educada y no la dejó tranquila.

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Fina coordina las visitas de una bodega en Requena. Grupos de jubilados, despedidas de soltera, algún autobús de holandeses que aparece sin avisar. Desde hace un año escribe casi todo con ayuda de una herramienta web: los correos de confirmación, el guion de la visita en inglés, la respuesta a la agencia que siempre regatea el precio.

En marzo le llegó un aviso de cambio de condiciones. Lo leyó, cosa rara. Venía a decir que a partir de tal fecha el contenido podría usarse para mejorar el servicio y que, si no quería, podía desactivarlo en Ajustes. Fina entró en Ajustes y lo desactivó. Y luego se quedó mirando la pantalla con una pregunta que parecía tonta: ¿y lo del año pasado?

Escribió a soporte. Le contestaron en dos días, con educación y sin marear:

Hemos iniciado el proceso de supresión. Número de expediente, plazo de treinta días, sistemas propios y de nuestros proveedores, salvo copias de seguridad que se sobrescriben por ciclos y salvo lo que debamos conservar por obligación legal.

Todo correcto. Todo, probablemente, verdad. Lo que se le quedó atravesado no fue la respuesta, sino caer en que no se acordaba de qué había escrito. Un año de correos: precios que negoció, el nombre de la clienta que canceló por un divorcio y lo contó entero, lo que ella misma opinaba de su jefe el día que le pidió ayuda para contestarle. Estaba pidiendo que vaciaran una caja cuyo contenido no podía enumerar.

Borrar es el único derecho que hay que pedir por favor

Aquí hay una asimetría rara. Subir es instantáneo y gratis: un pegado, un intro y ya está fuera. Recuperarlo requiere formulario, plazo, confianza y paciencia. El derecho a que te borren existe y funciona, pero es el único que tienes que solicitar y esperar sentada a que alguien, al otro lado, ejecute bien.

Elffuss no le ofrece a Fina una promesa mejor. Le quita la pregunta. Las cuatro apps —Claw, Code, Translator y el Copiloto— corren dentro del navegador, sobre la tarjeta gráfica del propio ordenador. No hay cuenta que crear, no hay servidor al que llegue el texto y no hay expediente que abrir, porque no hay nada que borrar. Cerrar la pestaña es el borrado.

Es código abierto, con licencia Apache-2.0, y eso importa más de lo que parece: no hace falta creerse este párrafo. Quien sepa leer código puede comprobar qué hace la página. Y quien no, tiene una prueba más doméstica: cortar la conexión y seguir trabajando. Algo que funciona con el wifi apagado no está mandando tus correos a ninguna parte.

Fina no ha vuelto a escribir a soporte. No hay soporte al que escribir, y esta vez esa es la buena noticia.

Abre Elffuss y escribe eso que no le enseñarías a nadie: funciona dentro de tu navegador, no sube nada a ningún sitio y no deja ninguna cuenta que tengas que pedir que borren después.

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