Diario Elffuss
IA local · en tu GPU · Apache-2.0. Un caso nuevo cada día, contando lo que se puede hacer con IA que vive dentro de tu navegador.
Lidia ordenó dos años de separación sin dejar copia en ningún servidor
Antes de la primera sesión de mediación, Lidia tenía que convertir un montón de notas sueltas en una cronología clara. Lo hizo con un asistente que no guarda nada fuera de su ordenador.
Leer el caso →Inés usa la cuenta de la familia, y su madre ve el historial
A los dieciséis años, hay preguntas que uno quiere hacer sin que aparezcan en la factura, en el correo de casa ni en el móvil de nadie. La IA dentro del navegador deja hacerlas sin tener que dar explicaciones.
Leer el caso →La prueba del modo avión: no hace falta creerse la política de privacidad
Aurora no se fía de nada que diga «tus datos están seguros». Su sobrino le enseñó una forma de comprobarlo sin leer una sola página de condiciones.
Leer el caso →El correo de Benito decía que el servicio cerraba el día 30
Una herramienta de IA que vive en un servidor ajeno depende de que a otros les salga a cuenta mantenerla. Si corre en tu navegador, sobre tu propia GPU, esa dependencia desaparece.
Leer el caso →Las preguntas de Eduardo no se apuntan en ningún sitio
Un electricista que aprende a programar por las noches descubre que lo que más le frena no es el código, sino saber que cada pregunta de principiante queda guardada con su nombre.
Leer el caso →Toni hace el presupuesto en el sótano, donde no llega ni una raya de cobertura
Un fontanero, una clienta de ochenta y cuatro años y una libreta llena de cosas que no son de nadie más. Así se ve la IA local cuando se trabaja con las manos.
Leer el caso →Cristina busca otro trabajo y no quería pedirle ayuda a la cuenta de su empresa
La única IA que tenía a mano entraba con el correo corporativo. Su carta de presentación para otro empleo no tenía por qué pasar por ahí.
Leer el caso →Las cartas del abuelo de Germán nombran a gente que todavía vive en el pueblo
Germán está ordenando las cartas que su abuelo escribió desde la cárcel en 1941. Dentro hay nombres, y los nietos de esos nombres son sus vecinos.
Leer el caso →La novela de Paloma todavía no existe para nadie, y ella quiere que siga así un tiempo
Paloma lleva tres años escribiendo una novela que se parece demasiado al divorcio de su hermana. Necesitaba un lector que no fuera nadie, y lo encontró en una pestaña del navegador.
Leer el caso →La receta de las rosquillas de Joaquín no está en internet, y así va a seguir
Un obrador de pueblo, un pedido grande para Navidad y un cuaderno de la abuela lleno de «pellizcos». Joaquín necesitaba ayuda para hacer cuentas, pero no quería entregar a nadie lo único que le distingue de la competencia.
Leer el caso →Marisa reescribe los mensajes que dos personas no se pueden decir a la cara
Una mediadora familiar de Zaragoza recibe cada semana correos llenos de rabia, con nombres de niños y fechas de custodia. Necesita suavizarlos sin que salgan de su despacho.
Leer el caso →La cuota se acabó en la redacción doce, y quedaban veintiséis vidas por leer
Marisa da clase en una escuela de adultos y pidió a sus alumnos que escribieran cómo llegaron al barrio. El domingo por la noche, a mitad de la corrección, el asistente le dijo que volviera mañana.
Leer el caso →Begoña tiene que explicar en cuatro idiomas que mañana no se sube
Un refugio de alta montaña sin cobertura, un parte de nieve que llega por radio y un grupo de excursionistas que no entiende por qué la guarda les dice que no. La traducción tenía que funcionar allí arriba, sin red y sin cuentas de nadie.
Leer el caso →Qué queda en la pestaña
Hay preguntas que necesitas hacerle a alguien —o algo— sin dejar que se sepa que las preguntaste.
Leer el caso →Cinco horas de tren sin cobertura y un código que no podía salir del portátil de Rocío
Rocío tenía que arreglar el programa de citas de una clínica dental entre Madrid y Badajoz. El contrato le prohibía enseñar el código a terceros y la vía apenas tiene cobertura. Las dos cosas acabaron teniendo la misma solución.
Leer el caso →«Ni completo ni en fragmentos»: el contrato que dejó a Montse sin herramientas
Tenía que arreglar un programa de 2011 que no era suyo. Su contrato no hablaba de políticas de privacidad: decía que el código no se copia fuera. Y eso descartaba casi todo.
Leer el caso →Veinticuatro autorizaciones para probar una cosa en clase
Rosana quería enseñar a leer código a críos de doce años. El problema no era la IA: era el formulario de alta, la cuota y la línea del instituto.
Leer el caso →El albarán estaba en checo y la wifi del muelle pedía un usuario de empresa
Las seis y diez de la mañana, un polígono a las afueras de Brno y un papel que hay que entender antes de firmarlo. Sin red, sin tiempo y con un documento que, además, no es suyo.
Leer el caso →El intérprete era el vecino del tercero, y se enteraba de todo
Milagros rellena las fichas del reparto de alimentos de los martes. Para entenderse con una familia que habla árabe hacía falta traductor, y el único que había vivía dos portales más allá.
Leer el caso →A las cuatro de la mañana nadie quiere crear una cuenta
Noelia necesitaba apuntar las noches de su hija de siete meses en algo mejor que el bloc de notas. Lo primero que encontró le pedía un correo antes de dejarle escribir nada.
Leer el caso →El cuaderno de Loli no es un historial, y aun así no quiere que lo lea nadie
Loli lleva cuatro años apuntando cómo duerme su hermano. Para resumirlo tuvo que decidir algo que no debería haber tenido que decidir: a quién se lo enseñaba.
Leer el caso →Los tres segundos que Sagrario perdía cuarenta veces al día
No era miedo a nada concreto. Era la pausa diminuta de decidir, una y otra vez, si eso se podía pegar en una web o no.
Leer el caso →A Lourdes le cuentan cosas que no caben en una esquela
Escribe las palabras que alguien leerá en el tanatorio. Lo que la familia le cuenta a las once de la noche no era para pegarlo en una web.
Leer el caso →Tres horas de diálisis y un wifi que pedía el DNI
Charo acompaña a su padre dos tardes por semana y aprovecha para estudiar. El hospital le pedía identificarse para darle red; la red, de todas formas, no llegaba al sótano.
Leer el caso →Herminia pregunta lo mismo cuatro veces y nadie lleva la cuenta
Aprender a manejar una tableta a los setenta y uno es repetir la misma duda hasta que se queda. Lo que frena no es la duda: es la sensación de que alguien la está apuntando.
Leer el caso →La mitad de lo que Julián escribió no se iba a leer en voz alta
Su padre murió un lunes y el jueves tenía que hablar en el funeral. Lo primero que escribió no era el discurso: era todo lo que no iba a decir.
Leer el caso →Entender la herencia de su madre sin enseñársela a nadie
Merche firma el jueves y no entiende qué firma. Copiar esas cuarenta y una páginas era lo fácil; lo difícil era que dentro estaban los DNI de sus tres hermanos.
Leer el caso →El informe de Ainara tenía el nombre de un menor y no salió del colegio
Ainara quería que una IA le ayudara a redactar un parte para servicios sociales, pero el expediente de un niño de nueve años no es algo que se pueda pegar en un chat cualquiera.
Leer el caso →El cargo de 9,99 euros que nadie recordaba haber aceptado
Roberto quería encontrar la suscripción fantasma en la cuenta de su padre, pero no iba a subir su extracto bancario a ningún sitio para conseguirlo.
Leer el caso →Fermín no iba a fotografiar el informe de su madre dos veces
Un alta médica en griego, un hospital con la cobertura floja y la certeza de que ese papel no tenía que pasar por ningún servidor para poder leerse.
Leer el caso →Lo que Ramón contó en la junta no era un secreto, pero tampoco era para subirlo
Loli lleva cuatro años redactando las actas de su comunidad. Este mes se paró a mirar lo que estaba a punto de pegar en una web.
Leer el caso →El nombre que Nieves tiene en la libreta no puede salir de la libreta
Una periodista de comarca, una fuente que habló sin grabadora y un corrector que, si vive en un servidor, es un testigo más.
Leer el caso →Fina pidió que lo borraran todo y recibió un número de expediente
Cambiaron las condiciones, ella desactivó la casilla y luego hizo la pregunta incómoda: ¿y todo lo del año pasado? La respuesta fue rápida, educada y no la dejó tranquila.
Leer el caso →Elvira firmó veintitrés veces que esas voces no saldrían de ahí
Leyó el consentimiento en voz alta en cada cocina. Dos años después, la tentación de pegar las transcripciones en un chat tenía un nombre y ochenta y siete años.
Leer el caso →Pilar no podía prometer lo que no dependía de ella
Un sobre sin remite en el buzón de un semanario de comarca, y una frase —«esto no sale de aquí»— que hasta ahora solo era verdad a medias.
Leer el caso →La carta que Amparo no iba a pegar en ninguna casilla
Instrucciones para sus hijos, cuatro contraseñas y un perro viejo. El tipo de texto que uno escribe una vez en la vida y no enseña a nadie.
Leer el caso →Vicente recortó la pregunta hasta que dejó de servirle
Tenía que entender un cuaderno particional antes del jueves. La duda era fácil de resolver; lo difícil era pegar un párrafo con el nombre de su madre y el reparto de la casa de sus padres.
Leer el caso →Ester lleva once años en la misma empresa y está mirando
Un domingo por la tarde, con la casa en silencio, se puso a actualizar el currículum. Lo difícil no era escribirlo: era escribirlo sin dejarlo en ningún sitio.
Leer el caso →Chelo pegó el requerimiento de Hacienda en una pestaña y ahí se quedó
Una papelería en Ourense, cuatro folios de jerga tributaria y un sobrino al que no quería mandarle su NIF. El texto entró en el navegador y no salió de ahí.
Leer el caso →Quique traducía el pliego haciendo fotos a su propia pantalla
No podía instalar nada en el ordenador de la empresa y tampoco quería pegar los precios del proveedor en cualquier web. Así que fotografiaba el monitor con el móvil, párrafo a párrafo.
Leer el caso →El capítulo nueve todavía no está para enseñárselo a nadie
Nuria lleva cuatro años escribiendo sobre su abuela. Quería una segunda opinión sin que el borrador saliera de su ordenador.
Leer el caso →Esa lista no era suya para subirla a ningún sitio
Amparo preside una comunidad de veintidós vecinos. Para que le ayudaran a redactar la convocatoria tenía que enseñar las deudas de otros. Se quedó con el dedo encima del botón.
Leer el caso →El correo que empieza con «Gracias por habernos acompañado»
A Bea le apagaron la herramienta con la que trabajaba desde hacía tres años. Le dieron veintiún días y un zip que no sabía abrir.
Leer el caso →Los tres borradores furiosos que nadie va a leer nunca
Rubén escribió cuatro versiones de su carta de dimisión un domingo por la noche. Mandó la cuarta. Las otras tres se apagaron con la pestaña.
Leer el caso →«Te quedan 2 traducciones este mes»
Chelo lleva una casa rural en Ribadavia y contesta correos en cuatro idiomas que no habla. Un viernes de agosto, con doce mensajes sin responder, se le acabó el contador.
Leer el caso →Ochenta cartas en alemán dentro de una caja de zapatos
Nuria vació el piso de su abuelo y encontró una correspondencia que nadie en la familia sabía leer. Traducirla dentro del navegador fue la forma de que no saliera de casa.
Leer el caso →El cuarto de calderas no tiene cobertura
Bego bajó al sótano de un hotel con una pieza nueva, dos folios en alemán y cero rayitas. La pestaña que llevaba abierta desde la mañana siguió funcionando como si nada.
Leer el caso →«Demuéstranos que ese código no sale de tu portátil»
A Rubén le pidieron por escrito que justificara con qué herramientas tocaba el código de un cliente. La respuesta fue apagar el wifi y seguir trabajando.
Leer el caso →Doce alumnos, doce pestañas y ninguna cuenta
Óscar preparó su taller de empleo con una IA de las conocidas. Duró siete minutos: el muro no era la tecnología, era el formulario de registro.
Leer el caso →El día que Nadia se fijó en lo que estaba pegando
Traduce cartas ajenas los martes por la tarde, en el local de una asociación de vecinos. Un requerimiento con el NIE de una vecina le hizo pararse justo antes de pulsar Enter.
Leer el caso →Marisa, un informe de alta y el botón que no pulsó
Todos hemos tenido delante un texto que jamás pegaríamos en una web cualquiera. Ese hueco es exactamente el que llena una IA que corre dentro de tu propio navegador.
Leer el caso →