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Diario Elffuss · 20 de octubre de 2026

Toni hace el presupuesto en el sótano, donde no llega ni una raya de cobertura

Un fontanero, una clienta de ochenta y cuatro años y una libreta llena de cosas que no son de nadie más. Así se ve la IA local cuando se trabaja con las manos.

IA local · en tu GPU · Apache-2.0local · en el navegador

Toni es fontanero en Burjassot. Lleva veinte años bajando a sótanos donde el móvil se queda sin cobertura antes del tercer escalón. El martes le tocó uno de una finca de los años sesenta: una bajante que rezuma, una llave de paso que no cierra del todo y, esperando arriba, doña Remedios, de ochenta y cuatro años, con una pregunta muy razonable: «¿Y esto cuánto me va a costar?».

Hasta hace poco Toni siempre contestaba lo mismo: «Se lo paso por escrito». Apuntaba en una libreta con manchas de grasa, llegaba a casa a las nueve, se peleaba con una plantilla de hace años y mandaba el presupuesto dos días después. A veces el cliente ya había llamado a otro fontanero. Y a veces pasaba algo peor: una persona mayor se quedaba dos días con la gotera y con la duda.

Lo que cabe en una libreta de fontanero

Ahora escribe esas mismas notas en el Copiloto de Elffuss. Lo abrió una vez en casa, con wifi, y desde entonces le funciona sin conexión en el navegador del portátil que lleva en la furgoneta. Le pega el apunte tal cual, «bajante 3 m, cambiar tramo a PVC 110, llave de paso 3/4 agarrotada, picar 40 cm de alicatado», y le pide un presupuesto por partidas con un párrafo en palabras normales que explique a la clienta qué se va a hacer y por qué.

Pero en esa libreta no hay solo tubos. También hay cosas como «vive sola», «la llave la tiene la vecina del 2.º» o «el hijo está en Alemania, no decirle lo de la caldera, que se preocupa». Nadie le pidió a Toni que apuntara esos detalles. Lo hace porque le ayudan a trabajar bien. Y precisamente por eso no deberían acabar en el servidor de nadie, guardados en una cuenta al lado de una dirección.

Con Elffuss ese problema no aparece. El modelo funciona en la tarjeta gráfica del propio portátil, dentro de la pestaña del navegador. No hay que crearse una cuenta con las manos sucias, no hay una cuota que se acabe a mitad de mes y no se envía nada a ninguna parte. Lo que Toni escribe se queda donde lo escribió, igual que se quedaba en la libreta.

Sin conexión no es un modo de emergencia

Se suele hablar del modo sin conexión como si fuera un plan B para cuando vas en avión. Para mucha gente que trabaja con las manos es el plan A: sótanos, garajes, cuartos de contadores o naves donde el wifi es de otro. Una herramienta que necesita internet para funcionar no sirve justo en el sitio donde hace falta.

Toni subió las escaleras con el presupuesto en la pantalla. Doña Remedios lo leyó dos veces y preguntó por qué había que picar los azulejos. Él le leyó el párrafo que llevaba preparado y ella dijo que sí. El jueves el trabajo estaba hecho.

«No es que yo tenga secretos. Es que los de mis clientes no son míos para ir repartiéndolos por ahí».

Toni no sabe qué es un modelo de lenguaje, y tampoco le interesa. Lo que sabe es que la herramienta está donde está él, que no le pide nada a cambio y que lo que apunta de sus clientes sigue siendo cosa suya y de ellos. Así de sencilla es la privacidad cuando el modelo se queda en el dispositivo: no hay que prometer que no se va a compartir nada, porque nada sale de ahí.

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