Rocío es programadora por su cuenta y lleva tres años manteniendo el programa de citas de una clínica dental de Badajoz. Lo escribió otra persona hace una década y nadie lo documentó. Un martes de octubre la llamaron porque las citas de los sábados salían duplicadas. Esa tarde cogió el tren desde Madrid, que tarda lo suyo y pasa largos tramos sin una sola raya de cobertura.
Hay un detalle que importa. El contrato con la clínica tiene una cláusula que ella se sabe casi de memoria: «el código fuente y cualquier dato de pacientes no se compartirán con terceros sin autorización escrita». Y en ese programa hay una tabla de pruebas con nombres reales, porque así lo dejó quien lo escribió.
El asistente de siempre era un tercero
Rocío usa asistentes de IA a diario. Pero copiar una función de ese programa en un chat en la nube es justo lo que la cláusula le prohíbe: el texto va a un servidor de otra empresa, se queda en sus registros y ella no tiene forma de saber qué pasa con él después. Daba igual que el tren tuviera wifi o no. Esa puerta ya estaba cerrada antes de salir de Atocha.
Así que abrió Elffuss Code en el navegador. Lo había cargado la noche anterior en casa y el modelo se quedó guardado en el propio navegador. Desde entonces funciona sobre la tarjeta gráfica de su portátil. No hay servidor detrás ni cuenta que crear, y no hace falta conexión.
Lo que hizo entre Talavera y Mérida
- Pegó la función que calcula los huecos de agenda y le pidió que se la explicara línea a línea.
- Le preguntó por qué un sábado podía contarse dos veces. El asistente señaló una comparación de fechas que no tenía en cuenta el cambio de hora.
- Le pidió una prueba que reprodujera el fallo. Le sobraron dos líneas, pero la idea era buena.
No todo salió a la primera. En una ocasión se inventó una función que no existía en el proyecto, y Rocío lo pilló porque conoce el código. Es un modelo pequeño que vive en un portátil, no un oráculo, y ella lo trata como a un compañero listo al que hay que revisar.
«Lo raro fue darme cuenta de que no tenía que pensar en la cláusula. No estaba enviando nada a nadie. El código estaba en mi pantalla y ahí seguía.»
La consecuencia, no el eslogan
Cuando la gente oye «IA local» piensa en una curiosidad técnica. Para Rocío fue algo más práctico: pudo trabajar con las herramientas que usa a diario sin incumplir un contrato y sin depender de una señal que en esa vía no llega. Que funcione sin conexión y que sea privado no son dos ventajas distintas. Las dos salen de lo mismo: todo pasa en su ordenador.
Llegó a Badajoz con el arreglo hecho y la prueba escrita. A la mañana siguiente lo revisó con calma en la clínica antes de subirlo. Ningún servidor de fuera llegó a ver una sola línea de aquel programa.
Si tu código tampoco puede salir de tu ordenador, abre Elffuss Code: funciona en el navegador, sobre tu propia tarjeta gráfica, sin subir nada a ningún sitio.
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