Marisa lleva nueve años de mediadora familiar en Zaragoza. Su trabajo, contado rápido, es que dos personas que ya no se soportan acuerden quién recoge a los niños el viernes. Contado despacio, es otra cosa: es leer lo que uno escribe sobre el otro a las once de la noche y convertirlo en algo que se pueda reenviar.
El martes le llegó un correo de Javier. Tres párrafos. El primero hablaba del horario de natación de Lucía, que tiene siete años. El segundo decía, con otras palabras bastante peores, que su exmujer era una irresponsable. El tercero volvía a la natación. Marisa tenía que hacerle llegar a Silvia lo útil del mensaje sin el veneno, y sin que pareciera que ella tomaba partido.
Lo que no se pega en cualquier sitio
Hace un par de años probó a hacerlo con un asistente de esos que funcionan en una web con cuenta. Le duró una tarde. Al tercer correo se dio cuenta de lo que estaba pegando: el nombre de una niña, su colegio, el diagnóstico de ansiedad del padre, la dirección del piso nuevo de la madre. Todo hacia un servidor que no sabía dónde estaba ni quién lo guardaba. Su código deontológico habla de confidencialidad, y no menciona excepciones para cuando vas con prisa.
Así que volvió a hacerlo a mano. Bien hecho, pero lento, y a veces con más cansancio que tacto.
Una pestaña que no habla con nadie
Ahora usa Elffuss Copiloto. Abre la pestaña, pega el correo de Javier y escribe: «Quédate solo con lo que afecta a la organización de la niña. Tono neutro, sin valoraciones sobre la otra parte.» El modelo trabaja dentro del navegador, en su propio ordenador. No hay cuenta que abrir ni servidor al que mandar el texto. Lo que pega se queda en la pestaña.
Lo que sale no es perfecto, y ella no espera que lo sea. A veces el texto queda demasiado frío y lo retoca. Una vez se le escapó la palabra «lamentablemente», que en una mediación pesa mucho, y la quitó. Pero el trabajo gordo, eso de separar el horario de natación del insulto, ya está hecho cuando ella se pone a revisar.
«No le pido que medie. Le pido que me quite la primera capa de rabia para que yo pueda pensar.»
Por qué importa dónde ocurre
A Marisa le preguntan a veces si no le da igual, total, si ella no va a publicar nada. No le da igual. La gente que se sienta en su despacho le cuenta cosas porque confía en que no van a ir más allá de esa mesa. Si para hacer su trabajo tiene que mandar esas cosas a otra parte, aunque sea a una máquina, ya ha roto algo, se entere alguien o no.
Con la IA dentro del navegador, esa pregunta ni se plantea. El correo de Javier entra, sale más limpio y no ha viajado a ningún sitio. Silvia recibió el martes un mensaje sobre la natación de Lucía. Nada más.
Si tú también manejas textos que no deberían salir de tu mesa, abre Elffuss Copiloto: corre en tu navegador y no sube nada a ningún servidor.
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